Continuamente observados

observadosPor el mero hecho de vivir propagamos datos sobre nosotros y sobre nuestra conducta que están siendo continuamente observados. Pero no podemos mostrar siempre una cara amable porque la actividad de la vida diaria nos hace adoptar posturas que pueden no serlo. Si vivimos de espaldas a la gente sin importarnos lo que piensan los demás podemos parecer egoístas y sólo por esto tener enemigos. Pero, también, si vivimos demasiado pendientes de lo que piensan los demás nos complicamos demasiado la vida.

Además las valoraciones que hacen de nosotros, igual que las que nosotros hacemos de los demás, pueden ser emocionales y no tener una clara explicación. Pueden influir cuestiones tales como si somos altos, bajos, guapos, feos, o si tenemos una expresión tensa o relajada, si somos amables o antipáticos, o por lo que decimos, aunque sean cosas intrascendentes. La gente hace una valoración de conjunto y concluye si les inspiras interés, aversión o indiferencia.

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