La historia de los países democráticos deja traslucir que los calvos no son buenos candidatos electorales. No se conoce exactamente porqué, pero los calvos parece que inspiran desconfianza entre los electores cuando tienen que elegir a un líder político. Un calvo en la cabecera de una lista electoral puede penalizar los resultados en torno a un diez por ciento, lo suficiente para estar en la oposición.
Supongo que el líder del partido socialista tendrá referencia de esta particularidad y habrá que ver si va repoblando su cabellera de alguna forma o por el contrario desiste de ser cabecera de lista, o si no hace ninguna de las dos cosas si es que no le disgusta estar en la oposición.
Entretanto no pasa desapercibido el implante capilar del eterno candidato a líder del mismo partido, es decir del Sr. Bono, quien parece que no echa en saco roto que los calvos no son buenos candidatos electorales y ha puesto remedio al problema por si acaso.

Antes de generalizarse el uso de la informática veíamos la escena del Ministro de Hacienda de turno llegando al Congreso con un cargamento de documentos para someter los presupuestos a aprobación. Ahora el ministro enseña simplemente un «pen-drive» en el se supone incluye toda la información. Si en efecto la contabilidad del Estado está totalmente computarizada, podría subirse a la nube y ponerla a disposición de los ciudadanos para que haya transparencia en el gasto público. Con ello los ciudadanos que así lo deseen estarían en condiciones de analizar los presupuestos y de conocer como se gastan el dinero los administradores del erario público.
La Presidenta del partido Popular de Madrid propuso ayer un referéndum sobre subvenciones a los sindicatos, pero puestos a convocar un referéndum habría que incluir en la pregunta las subvenciones a los partidos políticos y a las patronales. Como reciben cuantiosas subvenciones no necesitan concentrarse en defender los derechos de los trabajadores ni que estos se afilien. Administran sobre todo su propio «negocio» y se dedican a las «batallas» ideológicas a favor o en contra del Gobierno, según quien gobierne. A los trabajadores y sobre todo a los parados, que los zurzan. Lo mismo sucede con las patronales, que deberían vivir exclusivamente de sus representados y no del dinero de los ciudadanos, dinero que pasa desapercibido en su caso porque no generan algarabías en la calle.
Economía, ideología y separatismo son prioridades que al parecer son irreconciliables.