Estos días mucho se ha hablado de el alcohol en el Congreso y de que se despachan «gin and tonics» y «whiskeys» a precios por debajo del de mercado y lamentablemente la crítica se ha centrado en que el servicio de bar está subvencionado, sin cuestionar la mayor de que en el Congreso se despachen bebidas alcohólicas. No parece oportuno que los Diputados desarrollen su labor entre copa y copa, y desde luego no es habitual que en cualquier centro de trabajo el personal de servicio beba alcohol. Es cierto que por lo general deben de aburrirse bastante, dado que la mayoría de los diputados parece que limitan su tarea a votar en el sentido que les «ordena» su jefe de fila, pero es preferible que jueguen con los computadores que también tienen con dinero público como ya se ha visto en algún caso.
Bromas aparte, puestos a ser consecuentes, debería preocuparnos más que un Diputado debata y vote bajo los efectos del alcohol que el que un ciclista suba el «Tourmalet» dopado. Ninguna de las dos tareas debe de hacerse estando dopado, pero las decisiones del Estado que afectan a todos los ciudadanos parece que tienen mayor trascendencia. No creo que hoy en nuestro país el alcohol en el Congreso sea un problema relevante, aunque pueda haber quien piense que influye en el tono agresivo de las intervenciones y los reproches continuos que se hacen unos a otros. Algún día, en algún país, se extenderá a los protagonistas de las grandes decisiones el control antidoping que se aplica hoy a los deportistas.

La democracia en los partidos políticos de nuestro país es en la actualidad inexistente. Por esto, un grupo de ciudadanos acaba de hacer un manifiesto proponiendo una ley para democratizar los partidos políticos, se supone que para que puedan seguir teniendo el monopolio de representar a los ciudadanos, lo que los manifestantes parece que consideran normal. Y no está mal que los partidos políticos democraticen su funcionamiento y que sus líderes tengan mandatos limitados y sean elegidos en primarias, pero de poco sirve si no se aborda la anomalía de que los ciudadanos no tengan representantes concretos a los que dirigirse.
En nuestro país se está asentando la cultura de poner parches a problemas profundos que requieren cirugía y un ejemplo de ello es el mito de la transparencia, el mito de que legislando que las instituciones tengan transparencia puede evitarse la corrupción y el derroche de dinero público. En lugar de endurecer las penas, agilizar los procesos judiciales, blindar a la justicia de influencias políticas, y hacer
El arte de la pintura servía en siglos pasados para transmitir a la posteridad imágenes de personas, hechos y sucesos para complementar los relatos de los historiadores. Entonces dominaba la necesidad de que el cuadro del artista tuviera una técnica y una composición lo más fiel posible a la realidad, aunque eran los ojos del artista los únicos que daban fe de las escenas que inmortalizaban. El artista tenía también margen para comunicar a su obra signos de su sensibilidad interior, pero esto es un valor añadido que solo se ha ido apreciando con los años.
Un pacto PP PSOE sobre el sistema electoral parece posible y sería muy conveniente como eje fundamental de la regeneración democrática y de las reformas que necesita el país. Sería una oportunidad de que los ciudadanos estén legítimamente representados y que esa representación sea cierta, genuina y verdadera.