En Cataluña han quedado las cosas mas o menos igual con dos mayorías imposibles. Por un lado hay una mayoría de derechas que suma 78 diputados que se rompe porque 50 de ellos son separatistas. Por otro lado hay una mayoría separatista que suma 87 diputados que se rompe porque están divididos en 50 de derechas y 37 de izquierdas.
Este balance es mas o menos el que había antes de las elecciones y no cabía prever que cambiara. Solo el Presidente Más creía que se podía formar una mayoría separatista y a la vez de derechas. Cabría preguntarse si no ha sido el Sr. Pujol el que ha encandilado al Sr. Más en el separatismo urgente y radical para que se queme y pudiera ser reemplazado por su hijo, quien además de promocionar se quitaría de en medio la presión de las investigaciones sobre la concesión de las ITV´s. Él mismo eludió otras cuando ascendió a Presidente.
Si CIU pacta con ERC será para la convocatoria separatista a cambio de concesiones económicamente imposibles, ambas cosas con oposición frontal del Gobierno central. Mas bien parece posible el pacto ce CIU con el PSC, lo que requeriría disfrazar la convocatoria separatista de federalismo ambiguo, es decir la congelación a la que se refería el hijo del Sr. Pujol. A cambio CIU podría gobernar, aunque con la presión del PSC para continuar gastando mas de lo posible, pero con menor intransigencia del Gobierno central.

La pasada huelga general ha escenificado la realidad de unos sindicatos decadentes que pretenden retrotraernos al siglo XIX. Los sindicatos decadentes, llamados sindicatos de clase, tienen solamente una afiliación del 16% y por lo tanto escasa representatividad y las cuotas de sus afiliados no cubren ni el 10% de sus gastos, por lo que se financian con dinero público. Con tan escasa representatividad, los sindicatos decadentes convocaron la huelga con la absurda pretensión de que el Gobierno, que tiene mayoría absoluta, convocara un referendum sobre las reformas en curso.
Todos los que razonan un poco sobre la situación económica actual entienden que para que aumente el empleo tiene que haber crecimiento económico y que para que haya crecimiento económico tienen que aumentar las iniciativas empresariales y las inversiones. No hay que ser muy listo para entender que el crecimiento económico no es posible si no somos capaces de hacer reformas que generen credibilidad y confianza en el futuro económico.
La actividad política de los ciudadanos se reduce a echar una papeleta en una urna cada cuatro años para elegir un partido político y su lista de candidatos. A partir de entonces la soberanía popular está intervenida y reside en los partidos políticos. Además, el partido o coalición gobernante controla de una u otra forma los tres poderes del Estado. No existe por tanto ni representación ni participación política ni una justicia realmente independiente.