La Comisión Europea ha dotado mil millones de euros en su Programa Marco para el Human Brain Project, que tiene como objetivo la simulación del cerebro humano con la que los científicos sean capaces de analizar sus funciones, estudiar el desarrollo de enfermedades, mejorar el diagnóstico de las mismas y ensayar la aplicación de tratamientos. En el proyecto participan científicos de 87 instituciones y será dirigido por Henry Markram, profesor de la École Polytechnique Fédérale de Lausanne en Suiza. Socios en este proyecto son el Instituto Pasteur de Francia, IBM en los Estados Unidos y SAP en Alemania. La mitad del dinero será aportado por los Estados Miembro y el resto por, empresas, institutos y universidades.
El proyecto de simulación del cerebro humano requiere construir un computador muy superior a los actualmente disponibles, pero esto no es lo más importante del proyecto, ya que según la ley de Moore la capacidad de los computadores está creciendo exponencialmente y no está lejos el día en el que tendrán una capacidad miles de veces superior al cerebro humano. Lo verdaderamente relevante del proyecto es aproximarnos al entendimiento de en qué medida el cerebro es reproducible y sustituible por un computador (mind uploading) y de si un cerebro simulado por muy perfecto que sea puede llegar a ser consciente.

La conciencia no se acaba de entender ni explicar y es por lo tanto un misterio, quizás uno de los más profundos de todos los que nos rodean. Así lo entiende Eben Alexander, experimentado neurocirujano norteamericano que hace unos meses ha publicado el libro “
Estos días uno de los dos grandes partidos políticos ha destituido al director de una de sus fundaciones, financiada con dinero público, por embolsarse miles de euros por columnas periodísticas que él mismo proporcionaba a la fundación bajo seudónimo. Toda la prensa destaca esta pillería, pero nadie comenta la mayor de para que narices los ciudadanos tenemos que pagar con dinero público la existencia y funcionamiento de dicha fundación.
No se entiende que en Europa los Estados Miembros hagan grandes esfuerzos en legislar la unidad monetaria, la unidad fiscal, la unidad bancaria…etc., y no se preocupen en absoluto de exigir que en el territorio de la Unión Europea existan las bases democráticas fundamentales sin las cuales no debería permitirse la integración ni la permanencia en el proyecto europeo.
Las subvenciones a partidos políticos, a sindicatos y a patronales, son subvenciones incondicionales que una vez recibidas las aplican a gastos a criterio de quienes las reciben sin ningún control posterior de cuál ha sido su uso o su rendimiento. Cuando se concede una subvención a una asociación con objetivos concretos determinados, siempre queda el recurso de analizar la obra realizada para ver en qué medida la subvención ha sido eficiente para el interés común. Pero un partido político solo tiene como objetivo obtener una cuota de poder político a través de las elecciones.
El Manifiesto que acaba de publicar el
Una de las cosas más difíciles es conocer a las personas, incluidos nosotros mismos. La verdadera naturaleza de una persona solo puede observarse a través de su conducta cuando hace uso de algún poder por limitado que sea.
La historia de los países democráticos deja traslucir que los calvos no son buenos candidatos electorales. No se conoce exactamente porqué, pero los calvos parece que inspiran desconfianza entre los electores cuando tienen que elegir a un líder político. Un calvo en la cabecera de una lista electoral puede penalizar los resultados en torno a un diez por ciento, lo suficiente para estar en la oposición.
Antes de generalizarse el uso de la informática veíamos la escena del Ministro de Hacienda de turno llegando al Congreso con un cargamento de documentos para someter los presupuestos a aprobación. Ahora el ministro enseña simplemente un «pen-drive» en el se supone incluye toda la información. Si en efecto la contabilidad del Estado está totalmente computarizada, podría subirse a la nube y ponerla a disposición de los ciudadanos para que haya transparencia en el gasto público. Con ello los ciudadanos que así lo deseen estarían en condiciones de analizar los presupuestos y de conocer como se gastan el dinero los administradores del erario público.
La Presidenta del partido Popular de Madrid propuso ayer un referéndum sobre subvenciones a los sindicatos, pero puestos a convocar un referéndum habría que incluir en la pregunta las subvenciones a los partidos políticos y a las patronales. Como reciben cuantiosas subvenciones no necesitan concentrarse en defender los derechos de los trabajadores ni que estos se afilien. Administran sobre todo su propio «negocio» y se dedican a las «batallas» ideológicas a favor o en contra del Gobierno, según quien gobierne. A los trabajadores y sobre todo a los parados, que los zurzan. Lo mismo sucede con las patronales, que deberían vivir exclusivamente de sus representados y no del dinero de los ciudadanos, dinero que pasa desapercibido en su caso porque no generan algarabías en la calle.