Los nuevos parquímetros instalados en Madrid eran innecesarios y nos están complicando y encareciendo el aparcamiento. Los parquímetros anteriores funcionaban razonablemente bien y todos nos habíamos acostumbrado a utilizarlos, para lo que bastaba echar las monedas según el tiempo de aparcamiento deseado de acuerdo con la tabla informativa de tiempos de aparcamiento y precios. Se puede decir que cumplían su función a satisfacción de los usuarios y que la recaudación llegaba correctamente al Ayuntamiento.
Los nuevos parquímetros parece que son en número menos que los anteriores, por lo menos yo ya he ido en un par de ocasiones a parquímetros cuya localización conocía y me los he encontrado mas lejos. Además ya me ha sucedido varias veces que he tenido que volver al coche otra vez para ver la matrícula ya que no tengo el hábito de memorizarlas. Tampoco entiendo la injerencia de que el Ayuntamiento controle las matriculas de quienes aparcan y tampoco me parece razonable que las matrículas antiguas paguen más con el cuento de la contaminación. Yo tengo un coche con 32 años de uso y estoy seguro de que contamina menos que el coche oficial de la Alcaldesa pues circulo muy poco con él.
La operación de los nuevos parquímetros es más complicada y entretenida que la de los anteriores y además uno no sabe hasta cuanto dinero echar pues no indican la información pertinente que los anteriores si ofrecían. Pero lo peor es que los nuevos parquímetros han supuesto una inversión innecesaria que pagaremos los contribuyentes o los usuarios. Iniciativas como esta pueden entenderse cuando sobra el dinero, pero no cuando en el país todavía estamos gastando mas dinero del que tenemos y la deuda sigue creciendo.

El resultado de las elecciones europeas en España demuestra la urgente necesidad de un pacto sobre el sistema electoral entre PP y PSOE. Ambos partidos tuvieron ayer el 49% de los votos cuando hace cinco años, con similar abstención, alcanzaron el 81%. El sistema de listas con escrutinio proporcional para elegir eurodiputados permite que haya en el Parlamento Europeo algunas representaciones que no tienen cabida en los parlamentos de los principales países miembro en los que utilizan sistemas mayoritarios basados en circunscripciones uninominales. La representación de grupos marginales en Europa permite que se expresen propuestas de todo tipo sin que tengan una influencia significativa en las decisiones europeas.
La elección de eurodiputados en España esta planteada por el partido en el gobierno como un plebiscito de lo bien que va todo y por el partido de la oposición como un plebiscito contra el machismo. De las cosas que se deciden en el Parlamento europeo y lo que cada partido propone nada se dice ni nada se debate y no es de extrañar que los ciudadanos españoles pasen del tema. No se como «viven» la elección de eurodiputados otros ciudadanos europeos pero no me extrañaría que fuera algo parecido porque las tareas que llevan a cabo los eurodiputados quedan algo lejos de las preocupaciones de la vida diaria.
Reducir gasto público es una necesidad en la que gran número de economistas están de acuerdo porque la presión fiscal es excesiva y sigue habiendo déficit, habiendo llegado la deuda a ser casi igual al PIB. Reducir gasto público permitiría también reducir el IRPF a la «golpeada» clase media, lo que se trasladaría a incrementar el consumo y los ingresos de IVA. Por el momento los ciudadanos no percibimos que se haya profundizado demasiado en reducir gasto público, aparte de las reducciones que dice la oposición se han producido en servicios básicos de sanidad y educación. La estructura del Estado sigue siendo excesiva, las empresas públicas innecesarias creadas en los últimos años siguen existiendo, las subvenciones que casi nadie haría con su dinero siguen prodigándose y sigue habiendo privilegios innecesarios.
Los políticos no suelen explicarnos de forma convincente porque hay que votarlos sino que mas bien nos argumentan para votar en contra de sus opositores. Con el sistema electoral vigente no votamos a las personas que queremos que nos representen sino que tenemos que elegir un partido y su lista ya precocinada de representantes. El ciudadano no va a tener un diputado con nombre y apellidos que le represente y no va a poder participar ni plantear absolutamente nada durante la legislatura, limitándose a elegir un partido cada cuatro años. Es como si votáramos a una marca comercial, y los políticos nos venden en efecto su marca como si fuera una fragancia, sin molestarse en detallar como proponen resolver los problemas de la sociedad ni tan siquiera identificarlos razonadamente sin demagogia.
Hay un debate público continuo sobre los problemas que aquejan a nuestra sociedad y sobre las reformas que deberían acometerse, pero nadie propone la reforma más importante, previa a todas las demás, que es una reforma de la ley electoral en la línea de lo que existe en las democracias occidentales más desarrolladas: Francia, EEUU, Reino Unido, Japón, Alemania, Canadá, Nueva Zelanda,….etc.
Hemos visto estos días a todos los partidos políticos elogiar la obra de Suarez como Presidente del Gobierno, pero nadie ha hecho referencia a Suarez en su etapa de ministro que se extendió durante seis meses desde su nombramiento, el 11 de diciembre de 1975 a propuesta de Fernández Miranda, hasta primeros de julio de 1976 cuando fue nombrado Presidente.