
Ahora que hay elecciones, los partidos políticos proclaman que hay que hacer el cambio y lo explican con vagas proposiciones que son más bien orientaciones ideológicas que programas concretos de gobierno.
Hay mucho discurso del cambio, pero, salvo excepciones, no detallan las medidas a aplicar ni en su caso como se financian. Claro que después, el partido que gobierne hará los cambios que quiera y pueda con independencia de las propuestas electorales y los ciudadanos no podremos decir nada en los próximos cuatro años.
El PSOE insiste hasta la saciedad que hay que hacer el cambio, lo que parece que no ha conseguido hacer en los 21 años en que ha gobernado desde 1982, cuando precisamente llegó al poder en 1982 con el lema del cambio. El PP ha gobernado desde entonces 12 años que podían haber sido suficientes para implementar mucho de lo que ahora propone. Los otros dos partidos, que hasta ahora no han gobernado, insisten todavía más en “el cambio”.
Y es que el discurso del cambio es un espejismo para atraer a la ciudadanía. Los cambios más importantes que hicieron PSOE y PP en sus mandatos se produjeron por decisiones ajenas a las propuestas electorales. Decisiones importantes tales como la cesión a las Autonomías de la Sanidad y Educación, el abandono de la energía nuclear, la participación en la guerra de Irak, subir el déficit hasta el 10%, “aceptar lo que venga de Cataluña”……etc., ni estaban en los programas ni había sido explicada suficientemente su incidencia.
Y es que parece que el verdadero significado del discurso del cambio es el clásico “quítate tu que me pongo yo”.


Las discusiones interminables para formar el nuevo gobierno son un coñazo, término que la Real Academia de la Lengua define como cosa latosa, insoportable. Ello se debe al sistema electoral que nos endilgaron, que siendo proporcional (corregido por la ley D´Hont) no prevé una segunda vuelta entre los dos partidos más votados.
Los diputados ya están elegidos al 90% antes del 26 de junio porque por las encuestas ya se sabe casi con certeza cuantos diputados de cada lista van a ser elegidos en cada circunscripción.
Por su actualidad, reproduzco a continuación lo que ya escribí en mayo de 2015:
Creo que el PSOE tiene tres puntos débiles que pueden influir negativamente en sus posibles votantes. El primero de ellos es el tono agresivo de las intervenciones del líder gritando «cabreado» en sus apariciones en la campaña electoral. Esos gritos provocan rechazo porque son una llamada de alarma directa al subconsciente.
Ahora que se acercan las elecciones se intensifica el discurso del cambio. Todos los partidos políticos proclaman que hay que hay que hacer un «cambio» y lo explican con proposiciones electoralistas, que son más bien orientaciones ideológicas que programas concretos de gobierno.
El PSOE aburre demasiado últimamente porque no dice nada nuevo, porque lo que dice no se sabe en que consiste, porque dice cosas genéricas inconcretas e indefinidas y sobre todo porque las cosas que dice son contradictorias.