En una primera impresión, por percepción emocional, nos puede caer simpática una persona sólo por su aspecto, sin haberla visto de cerca ni haber hablado con ella, pero también puede transmitirnos sin motivo malas vibraciones. Las primeras impresiones surgen de las emociones y sentimientos más que de la razón. Son valoraciones espontáneas que aunque no tienen fundamento predisponen a favor o en contra y además duran mucho tiempo y cuesta mucho cambiarlas, sean o no sean acertadas.
Además, la percepción puramente emocional que podamos tener de una persona o de una situación determinada, no la guardamos sólo para nosotros sino que a veces la transmitimos, casi siempre sin necesidad, incluso añadiendo opiniones. Por esto conviene poner en cuarentena la primera impresión, aunque no la desechemos totalmente, y dejar pasar cierto tiempo para poder ya tener motivos más concretos para confiar o desconfiar de ella. Hay que fijarse mas en los actos que en las palabras y valorar a las personas según como se comportan. La conducta de una persona proporciona pistas bastante claras de su forma de ser, pero sólo cuando está haciendo uso de algún poder por pequeño que sea. «Por los hechos los conoceréis».

Con el paso del tiempo descubres muchas cosas que ignorabas pero que sin embargo podrías haber intuido o deducido. Son enseñanzas difíciles de transmitir que normalmente se aprenden cometiendo errores, porque como dice el dicho popular “no se escarmienta en cabeza ajena”.
La conciencia es un misterio. La Ciencia considera que es producto de la información y de las conexiones neuronales del cerebro y que por lo tanto se extingue cuando el cerebro deja de existir. Pero algunos científicos opinan que la conciencia sobrevive al cerebro. El cardiólogo holandés
La conciencia no se acaba de entender ni explicar y es por lo tanto un misterio, quizás uno de los más profundos de todos los que nos rodean. Así lo entiende Eben Alexander, experimentado neurocirujano norteamericano que hace unos meses ha publicado el libro “
Una de las cosas más difíciles es conocer a las personas, incluidos nosotros mismos. La verdadera naturaleza de una persona solo puede observarse a través de su conducta cuando hace uso de algún poder por limitado que sea.
Hay diferentes clases de líderes políticos según su forma de actuar para llevar a cabo las actividades y proyectos. Los líderes autoritarios anteponen el principio de autoridad y suelen generar tensión y estrés. Los líderes pragmáticos se centran en los objetivos que pretenden alcanzar y procuran guiarse por la razón. Los líderes idealistas se guían más por las ideas que por las razones y tienden a desconectarse de la realidad. Los líderes utópicos se suelen guiar por meras conjeturas y se esfuerzan en objetivos imposibles.
La excesiva tensión emocional acelera el deterioro orgánico y puede ser causa de enfermedades difíciles de prever, porque hace daño poco a poco. Los problemas mentales somatizan en problemas orgánicos como si el cuerpo fuera el pararrayos en el que descargan.
La primera impresión es determinante. Nos puede caer simpática una persona sólo por su aspecto, sin haberla visto de cerca ni haber hablado con ella, pero también puede transmitirnos malas vibraciones.
Los espirituales están en la etapa más avanzada del progreso. Cultivan y desarrollan su sensibilidad humana porque consideran que es lo más valioso que tienen para asumir la complejidad creciente de la sociedad y resolver los problemas que les angustian. Esta alta valoración de la sensibilidad humana les sitúa en la estación espiritual que es la posición más avanzada de progreso.