Supongo que el nombre «Vox» del partido político recientemente creado expresa su vocación de que la vox populi este legítimamente representada en el Parlamento y pueda participar. En la situación actual esto no sucede porque los diputados solo representan a quien les incluyó en una lista, lo que es una de las dos grietas de la actual Constitución por donde se escapa la democracia. La participación ciudadana se limita a votar cada cuatro años a la lista de un partido, en muchísimos casos seleccionándolo por exclusión de todos los demás. Con esta delegación obligada de la soberanía popular en los partidos, un ciudadano solo puede participar a través de un partido aunque no le una nada a ninguno en concreto, y en la práctica es además imposible, porque no existen cauces para tal hipotética participación. Yo he intentado enviar sugerencias a los partidos través de sus páginas web y en unos casos no existe tal facilidad y en otros simplemente ni contestan.
Volviendo al caso de Vox, creo que en el manifiesto que publica en su pagina web debiera ser mucho más explicito en lo que se refiere a la ley electoral porque dicha ley es la piedra angular de la democracia. La propuesta que Vox hace es ambigua, porque, aunque defiende circunscripciones mas pequeñas, deja abierta la puerta de la proporcionalidad, quizás porque siendo un partido de reciente creación le sea muy difícil conseguir diputados si las circunscripciones son uninominales.
Las circunscripciones uninominales existen en las democracias mas importantes como son Reino Unido, Alemania, Francia, EEUU, Japón, Canada…etc, y no puede entenderse que en nuestro país se haya optado por ignorar lo que está vigente en los países occidentales de mayor éxito. Creo que el nuevo partido tiene que concretar más sobre la ley electoral, si es que defiende este sistema como ya lo hizo en una entrevista en televisión uno de sus miembros, el Sr. Camuñas, cuando era presidente del Foro de la Sociedad Civil. Los demás partidos no parece que se interesen por adoptar el sistema electoral que tienen las auténticas democracias.

A los españoles nos cuesta de por vida la luz el doble que a los franceses. Es una de las nefastas consecuencias de que
El efecto Mandela de olvidar y mirar hacia el futuro todos los políticos lo alaban pero no lo aplican. En mis trece visitas a Sudáfrica totalizando cerca de doscientos días vividos allí en los últimos años, he podido comprobar que las dos comunidades antes radicalmente enfrentadas ahora conviven en paz y armonía y las veces que me he atrevido a preguntar sobre está convivencia me han respondido por ambas partes: «we love each other». Después de veintisiete años en la cárcel, Mandela dijo que «todos somos hermanos» y que había que olvidar el pasado y trabajar juntos unos y otros por el progreso del país, lo que marcó un antes y un después.
El sistema electoral y la separación de poderes son las dos grietas de la Constitución por donde se escapa la democracia. Con el sistema electoral actual el ciudadano no tiene un representante político al que dirigirse y por lo tanto no puede participar durante la legislatura y sin representación ni participación no hay una autentica democracia. La soberanía popular no reside en los ciudadanos sino en los partidos políticos, cuyos líderes son los que deciden las listas de quienes por su fidelidad merecen ser diputados. El ciudadano se tiene que limitar a echar una papeleta en la urna cada cuatro años para elegir la lista precocinada que menos rechazo le produce.
En el debate que al parecer está teniendo lugar en la Comunidad de Madrid sobre la
Hoy, los medios de comunicación recogen las recientes declaraciones del ex-presidente Aznar ante el desafío soberanista y su mensaje de que «se debe poner fin al desfalco de soberanía nacional que se está llevando a cabo por parte del nacionalismo«. Son declaraciones que suenan bien e invitan a apoyarlas, pero no puede olvidarse uno de quien es Aznar y cuales fueron sus decisiones de gobierno cuando estaba en el poder.
La pedagogía catalana adoctrina a los niños desde hace treinta años para facilitar la consolidación de la oligarquía catalana y la riqueza económica de la clase dirigente. Es un programa barato, porque se financia con fondos públicos utilizando las escuelas públicas y las televisiones públicas, e incluso se ve reforzado por colaboradores minoritarios ocasionales que de vez en cuando queman banderas españolas e imágenes del Rey. Empezó con un sistema electoral en el que todo se cuece en los partidos y en muchas ocasiones hay que «comprar» votos para poder gobernar, de lo que la oligarquía catalana ha arrancado importantes concesiones políticas y económicas a los gobiernos centrales de turno.
El sistema político que tenemos en nuestro país es una maquinaria autocrática que fabrica sin cesar maestros en chupar dinero público. El ciudadano no puede votar a un candidato concreto para que le represente sino que ha de votar a la papeleta de un partido político, con lo que los diputados elegidos solo representan a quien les puso en la lista. La trayectoria de un político no depende del servicio a los ciudadanos y al bien común sino de la fidelidad que profese a los padrinos que puedan incluirle en una lista electoral o le designen para un cargo público.
Hace unos días hemos visto en los medios una propuesta de reforma fiscal de FAES, entidad dirigida por el Sr. Aznar que se financia con fondos públicos. Propone entre otras cosas subir el IVA y reducir el IRPF dejándolo con dos tramos del 25% y del 35%, pero no dice nada del mínimo exento que propone, lo que es decisivo para que la gran mayoría de los españoles pueda ver si con lo que proponen va a pagar mas o menos impuestos. Sin embargo, quienes tienen rentas altas tienen claro que con la propuesta pagarían muchos menos impuestos.
La democracia en los partidos políticos de nuestro país es en la actualidad inexistente. Por esto, un grupo de ciudadanos acaba de hacer un manifiesto proponiendo una ley para democratizar los partidos políticos, se supone que para que puedan seguir teniendo el monopolio de representar a los ciudadanos, lo que los manifestantes parece que consideran normal. Y no está mal que los partidos políticos democraticen su funcionamiento y que sus líderes tengan mandatos limitados y sean elegidos en primarias, pero de poco sirve si no se aborda la anomalía de que los ciudadanos no tengan representantes concretos a los que dirigirse.