En nuestro país se está asentando la cultura de poner parches a problemas profundos que requieren cirugía y un ejemplo de ello es el mito de la transparencia, el mito de que legislando que las instituciones tengan transparencia puede evitarse la corrupción y el derroche de dinero público. En lugar de endurecer las penas, agilizar los procesos judiciales, blindar a la justicia de influencias políticas, y hacer auditorias independientes, los políticos se limitan a plantear leyes de transparencia.
Todo será más observable pero todo seguirá igual al amparo de un sistema en el que los corruptos no devuelven el dinero robado, los procesos judiciales se eternizan, las fianzas se reducen a discreción, la prisión preventiva es solo testimonial, los plazos de prescripción se apuran y los indultos se prodigan. El mito de la transparencia puede generar nuevos cargos públicos a expensas de los ciudadanos, como quizás el Comisario de la Transparencia, el Consejo Nacional de Transparencia, los asesores de Transparencia, los comités regionales….etc. Mientras tanto se está cociendo una ley para que no se airee en los medios noticias que afecten a los imputados.
Desde luego la transparencia es necesaria y mas que una ley especifica debería ser un hecho cultural que no necesita leyes para su aplicación, pues «va de soi» que los ciudadanos tenemos derecho a saber en que se gasta el dinero público. Lo que realmente necesitamos es un sistema electoral basado en circunscripciones uninominales y la independencia del poder judicial. Estando debidamente representados los ciudadanos, teniendo la posibilidad de participar, y con una justicia independiente, habría una base sólida de transparencia y una represión más efectiva de los delitos de corrupción.

Un pacto PP PSOE sobre el sistema electoral parece posible y sería muy conveniente como eje fundamental de la regeneración democrática y de las reformas que necesita el país. Sería una oportunidad de que los ciudadanos estén legítimamente representados y que esa representación sea cierta, genuina y verdadera.
No cabe duda de que hay que ajustar los gastos. Vaya por delante que me parece fuera de lugar que cualquier ciudadano, grupo social, sindicato, partido político, institución de cualquier clase, …etc. opine de economía casi siempre de forma negativa con vehemencia y mucho menos que se consideren con credenciales suficientes como para imponer sus ideas. Además es aburrido, pues en todas las tertulias, radios, televisiones, bares, sedes sociales,…etc., están continuamente sobre el tema. Y no digamos las manifestaciones que hay que aguantar casi a diario.
es la piedra angular de la democracia y debe de servir para determinar quién es el representante político de cada ciudadano. El sistema electoral que han adoptado los países democráticos más desarrollados se basa en la circunscripción uninominal, es decir en la división del territorio en tantas circunscripciones electorales como representantes a elegir. Es la fórmula que se aplica en Francia, Estados Unidos, Reino Unido, Canadá, Nueva Zelanda, Japón y Alemania.
Vivimos como vasallos de la nueva aristocracia de los políticos. Los líderes políticos tienen en teoría la vocación de servir a los demás, pero luchan por tener poder y por aumentarlo lo más posible y en realidad muchos de ellos sirven ante todo sus propios intereses.
Aunque hace nueve años del 11-M muchos ciudadanos creen que
La proporcionalidad entre votos y escaños favorece a los partidos políticos minoritarios con implantación a escala nacional. Por eso Izquierda Unida defiende la implantación del llamado cociente Hare, aduciendo que todos los votos han de tener el mismo valor. Esta propuesta la reivindicaba también el movimiento 15-M y la propone Unión del Progreso y Democracia porque está claro que les favorece. Los defensores de la proporcionalidad entre votos y escaños parten del supuesto viciado de que son los partidos políticos y no los ciudadanos quienes han de estar representados en el Parlamento. Entienden que los ciudadanos tienen que limitarse a votar a los partidos políticos cada cuatro años para delegarles la soberanía popular para que impere la partidocracia.
Cada vez que alguien cuestiona el sistema electoral se abre paso el mito de las listas abiertas. Hacen creer a la gente que las listas abiertas son la solución para la regeneración democrática, pero nadie apunta que las
O buscas la solución o eres parte del problema es una reflexión que cualquier persona que tenga responsabilidades debe siempre platearse. Es oportuno, especialmente en estos tiempos, para los responsables de las instituciones del Estado, partidos políticos, clase política, medios de comunicación, sindicatos, patronales, empresas y ciudadanos. Porque todas las noticias, comentarios y debates se ocupan casi exclusivamente en incidir sobre los detalles de los problemas, y en las continuas acusaciones de unos a otros, pero nadie plantea seriamente las soluciones que hay que aplicar. Y sin embargo los problemas básicos están suficientemente identificados para proceder a buscar soluciones.
En un sistema electoral con circunscripciones unipersonales el mapa electoral está segmentado en tantas circunscripciones como diputados a elegir. En cada circunscripción, cada partido político presenta su candidato y el elector vota a uno de ellos, bien sea porque es la persona en quien más confía o porque confía en el partido que le presenta. El candidato que resulta elegido diputado es el representante político de todos los electores de la circunscripción. Este sistema electoral tiene las siguientes ventajas: