El mito de la transparencia

el mito de la transparenciaEn nuestro país se está asentando la cultura de poner parches a problemas profundos que requieren cirugía y un ejemplo de ello es el mito de la transparencia, el mito de que legislando que las instituciones tengan transparencia puede evitarse la corrupción y el derroche de dinero público. En lugar de endurecer las penas, agilizar los procesos judiciales, blindar a la justicia de influencias políticas, y hacer auditorias independientes, los políticos se limitan a plantear leyes de transparencia.

Todo será más observable pero todo seguirá igual al amparo de un sistema en el que los corruptos no devuelven el dinero robado, los procesos judiciales se eternizan, las fianzas se reducen a discreción, la prisión preventiva es solo testimonial, los plazos de prescripción se apuran y los indultos se prodigan. El mito de la transparencia puede generar nuevos cargos públicos a expensas de los ciudadanos, como quizás el Comisario de la Transparencia, el Consejo Nacional de Transparencia, los asesores de Transparencia, los comités regionales….etc. Mientras tanto se está cociendo una ley para que no se airee en los medios noticias que afecten a los imputados.

Desde luego la transparencia es necesaria y mas que una ley especifica debería ser un hecho cultural que no necesita leyes para su aplicación, pues «va de soi» que los ciudadanos tenemos derecho a saber en que se gasta el dinero público. Lo que realmente necesitamos es un sistema electoral basado en circunscripciones uninominales y la independencia del poder judicial. Estando debidamente representados los ciudadanos, teniendo la posibilidad de participar, y con una justicia independiente, habría una base sólida de transparencia y una represión más efectiva de los delitos de corrupción.

Pacto PP PSOE sobre el sistema electoral

pacto PP PSOEUn pacto PP PSOE sobre el sistema electoral parece posible y sería muy conveniente como eje fundamental de la regeneración democrática y de las reformas que necesita el país. Sería una oportunidad de que los ciudadanos estén legítimamente representados y que esa representación sea cierta, genuina y verdadera.

En los países más avanzados los electores votan en circunscripciones uninominales, de forma que cada ciudadano tiene un diputado concreto que le representa y cada diputado representa al conjunto de ciudadanos concretos que le han elegido por mayoría. Es el sistema que funciona en EEUU, Francia, Reino Unido, Alemania (para la mitad de la Cámara), Canadá, Nueva Zelanda, Australia y que estuvo vigente en Italia (en un 75%) hasta el año 2005.

Este sistema conviene a los ciudadanos, porque pueden estar en contacto con su representante tanto como deseen, hacer ver sus inquietudes y opiniones y participar individualmente o en grupo en el desarrollo legislativo. Cada diputado tiene obviamente que estar pendiente de sus electores y saber lo que opina la mayoría de ellos, lo que prevalece sobre la disciplina de partido. En lamentable contraste, hoy en nuestro país la única forma de opinar, aparte votar cada cuatro años, es la algarada callejera.

El sistema de circunscripciones uninominales conviene también al PP y PSOE porque si lo adoptaran, en las próximas elecciones uno de ellos alcanzaría la mayoría absoluta, cosa que con el sistema actual no se vislumbra. El que obtuviera la mayoría formaría un gobierno fuerte que no tendría que estar «comprando» votos, siempre que llevara al Parlamento propuestas que tuvieran aceptación mayoritaria de los diputados, toda vez que éstos representan a los ciudadanos y no a la persona que les puso en una lista.

El pacto PP PSOE sobre el sistema electoral evitaría el fraccionamiento del Parlamento en demasiados partidos y sus consiguientes componendas. Esto ha sucedido en Italia y se vislumbra que ocurra en nuestro país. PP y PSOE tienen entre ambos la mayoría necesaria para reformar el sistema electoral adoptando circunscripciones uninominales y si dejan pasar esta oportunidad quizás no la vuelvan a tener. Si además eliminan el Senado tanto mejor.

Hay que ajustar los gastos

Ajustar los gastosNo cabe duda de que hay que ajustar los gastos. Vaya por delante que me parece fuera de lugar que cualquier ciudadano, grupo social, sindicato, partido político, institución de cualquier clase, …etc. opine de economía casi siempre de forma negativa con vehemencia y mucho menos que se consideren con credenciales suficientes como para imponer sus ideas. Además es aburrido, pues en todas las tertulias, radios, televisiones, bares, sedes sociales,…etc., están continuamente sobre el tema. Y no digamos las manifestaciones que hay que aguantar casi a diario.

Por un lado, no se puede perder de vista que hay un Gobierno elegido democráticamente, que tiene además la mayoría absoluta, quien se supone tiene que ocuparse de estas cosas y que está en la mejor posición y tiene la mejor información para saber lo que hay que hacer. Pero por otro lado, la ciudadanía se siente atrapada por cuatro años de legislatura sin poder hacer otra cosa que esperar a la siguiente convocatoria electoral. Se echa en falta que como resultado de las elecciones cada ciudadano tenga un representante político a quien poder dirigirse cuando lo considere oportuno. Si así fuera, todo este debate inútil actual se canalizaría a través de los representantes, quienes tendrían que apoyar en el Parlamento lo que opinan los representados en lugar de obedecer a su partido. Nos hemos referido a esto en numerosas ocasiones.

Dicho esto, y aun sabiendo que solo cabe confiar en que quienes tienen el poder acierten en las decisiones presupuestarias, no está de más señalar que cuando en una empresa hay que hacer ajustes para salir de los números rojos, es práctica general no confiar nunca en que la solución venga de planificar un aumento de ingresos. En un plan empresarial para salir de una crisis lo que hay que ajustar son los gastos, que es el único enfoque que aceptan los inversores. Si además crecen los ingresos, mejor que mejor, pero sin confiar en que ocurra. Supongo que esta doctrina será también aplicable al Estado, pero no se ve con claridad que se esté aplicando.

La ley electoral

La ley electoralla ley electoral es la piedra angular de la democracia y debe de servir para determinar quién es el representante político de cada ciudadano. El sistema electoral que han adoptado los países democráticos más desarrollados se basa en la circunscripción uninominal, es decir en la división del territorio en tantas circunscripciones electorales como representantes a elegir. Es la fórmula que se aplica en Francia, Estados Unidos, Reino Unido, Canadá, Nueva Zelanda, Japón y Alemania.

Con este sistema cada elector tiene su representante, que es quien ha sido elegido democráticamente en su circunscripción electoral para representar los intereses e inquietudes de la mayoría de sus electores por encima de los compromisos de su partido. Los ciudadanos pueden trasmitir sus inquietudes o proponer iniciativas concretas a sus representantes cada día de la legislatura. Sin embargo en España esto no es posible ya que el ciudadano español no elige a su representante político sino que vota la lista de un partido cuyos miembros solo representan a quien la hizo.

Votar a los partidos es en la práctica votar marcas, ya sea “derechas”, “izquierdas” o «independencia». La marca ganadora gobierna durante cuatro años sabiendo que los ciudadanos no tienen ninguna posibilidad de intervenir aparte de eventuales algaradas callejeras. Los partidos políticos mientras tanto disfrutan de dinero público para ser cada vez más poderosos y desarrollar sociedades y fundaciones para colocar a sus fieles. Es lamentable que en la transición política nos hayan endosado un sistema electoral radicalmente diferente al de las democracias más establecidas y mejor desarrolladas y hayan decretado que el ciudadano solo pueda en realidad elegir cada cuatro años entre “derechas”, “izquierdas” o «independencia».

La clase política, si verdaderamente defiende el interés común, debería replantearse el sistema electoral y ponerlo en línea con los países líderes en progreso, desarrollo y justicia social.

Nueva aristocracia de los políticos

aristocracia de los politicosVivimos como vasallos de la nueva aristocracia de los políticos. Los líderes políticos tienen en teoría la vocación de servir a los demás, pero luchan por tener poder y por aumentarlo lo más posible y en realidad muchos de ellos sirven ante todo sus propios intereses. Les votamos por su comunicación mediática y sus principales argumentos son la imagen y la palabra. Dicen lo que la gente a la que se dirigen quiere escuchar, sabiendo que las promesas se diluyen y la memoria histórica es efímera y manipulable.

Las elecciones sirven para otorgar poder a personas que buscan el poder. Nadie presta dinero por sintonía emocional pero sin embargo designamos a los que organizan nuestra vida y manejan nuestro dinero por adhesión a su imagen. Los líderes políticos son elegidos democráticamente lo que no garantiza que vayan a tener un comportamiento democrático, pues la realidad está plagada de abusos de poder y de enriquecimientos ilícitos.

En épocas antiguas el dinero y el poder caminaban juntos y los señores feudales cobraban impuestos y manejaban las finanzas a su antojo y conveniencia. Servían al pueblo lo estrictamente necesario para que no se sublevara o para no gastar demasiado en reprimir el descontento social. La sociedad occidental fue evolucionando entre guerra y guerra, aumentando la presión del pueblo sobre la clase dirigente y se fueron creando instituciones que asumían el poder y el dinero de los señores feudales.

Entonces surgió la democracia como forma de gobierno, rescatada de épocas antiguas olvidadas. Después, la revolución industrial propició concentraciones proletarias de cuyo poder de coacción surgieron impulsos revolucionarios de reivindicación social. Las ideas de reparto de la riqueza, de justicia social, de que la soberanía reside en el pueblo, o de asumir el Estado en mayor o menor medida los medios de producción, han impulsado importantes transformaciones sociales.

Ahora, la convivencia democrática requiere que los que mandan sean elegidos por los ciudadanos. Pero el poder sigue siendo ejercido por personas concretas que tienen impulsos y motivaciones en esencia similares a las de los señores feudales de antaño, aunque hoy haya leyes e instituciones que velan por la paz, la libertad y la justicia. Los que mandan siguen siendo humanos y ya no son señores de horca y cuchillo, al menos en el mundo occidental, y no cometen los excesos de épocas pasadas, pero es porque no pueden y no porque la naturaleza humana haya mejorado.

Sigue habiendo sangre azul, pero ya no corre por las venas, sino que se conquista en la lucha por el poder, aunque se dan también muchos casos de transmisión del poder de padres a hijos. Es la aristocracia de los partidos políticos la que decide quien es el «heredero» tras un proceso de confrontación entre facciones y grupos de presión al estilo de las antiguas intrigas palaciegas. El “heredero” adquiere compromisos para repartir la tarta del poder, o eso es al menos lo que esperan quienes han contribuido a encumbrarle. Y de hecho la mano del poder reparte prebendas a sus fieles. Y si las cuentas del Estado se desbordan y no son suficientes para pagar los excesos del poder político, se recauda mas dinero del pueblo tal y como ocurría en épocas medievales. Es la nueva aristocracia de los políticos.

El 11-M sigue sin estar claro

El 11 MAunque hace nueve años del 11-M muchos ciudadanos creen que sigue sin estar claro. Las bombas acabaron con la vida de 192 personas y dieron un vuelco electoral llevando al PSOE al poder, pero los eventos de aquel día ofrecen algunas dudas que todavía no se han disipado aunque haya una versión oficial y una «verdad» judicial.

El escenario de la tragedia se liquidó en dos días con la destrucción de los trenes, casi tan rápido como el fregado que hicieron a los marqueses de Urquijo después de ser asesinados. Los ejecutores materiales, supuestos extremistas islámicos, evitaron suicidarse con las bombas, como suelen hacerlo en el 99% de sus atentados, lo que hubiera sido mucho más sencillo, y sin embargo decidieron suicidarse todos juntos en fecha posterior. De los sujetos que fueron imputados una parte considerable resulta que eran confidentes de la policía y los que están en la cárcel son personas de escasa entidad que desconocen quien inspiró la actuación.

Estos hechos y algunos otros no están convincentemente explicados en la versión oficial. La cuestión de si ETA estuvo involucrada resulta irrelevante, pero la controversia que generó fue una cortina de humo que desvió la atención y descentró la oportunidad de enfocar el asunto de forma más ortodoxa y desapasionada para que la verdad se abriera camino por sí sola. Desde el principio se empeñaron en establecer rápidamente la versión oficial, no se sabe si para ocultar algunos aspectos de la verdad o por puro paternalismo piadoso. Esperemos que algún día comiencen a aclararse las cosas.

No a la proporcionalidad entre votos y escaños

proporcionalidadLa proporcionalidad entre votos y escaños favorece a los partidos políticos minoritarios con implantación a escala nacional. Por eso Izquierda Unida defiende la implantación del llamado cociente Hare, aduciendo que todos los votos han de tener el mismo valor. Esta propuesta la reivindicaba también el movimiento 15-M y la propone Unión del Progreso y Democracia porque está claro que les favorece. Los defensores de la proporcionalidad entre votos y escaños parten del supuesto viciado de que son los partidos políticos y no los ciudadanos quienes han de estar representados en el Parlamento. Entienden que los ciudadanos tienen que limitarse a votar a los partidos políticos cada cuatro años para delegarles la soberanía popular para que impere la partidocracia.

Muy al contrario, la soberanía popular en una verdadera democracia reside en los ciudadanos y no puede delegarse, y son los ciudadanos y no los partidos quienes tienen que estar adecuadamente representados. Y si no hay una representación cierta, genuina y verdadera, la democracia no es legítima aunque sea conforme con las leyes. Si de verdad queremos vivir en democracia, la ley electoral tiene que adoptar el sistema mayoritario de circunscripción uninominal, que es el que funciona en EEUU, Francia, Alemania, Reino Unido, Canadá, Nueva Zelanda,….etc, porque es el único con el que cada ciudadano tiene su representante y puede a través de él participar en la vida política si lo desea.

Además, el sistema de circunscripciones uninominales  conduce a mayorías sólidas sin que por ello dejen de estar representadas las minorías ciudadanas. Éstas últimas están mejor representadas caso a caso a través del diputado de cada circunscripción que por una minoría parlamentaria dispuesta a “vender” sus votos cuando puedan ser decisorios. En Italia tenemos la prueba del fraccionamiento entre partidos, la ausencia de representación política del ciudadano, y las dificultades de gobernabilidad a causa del abandono del sistema mayoritario (al 75%) y la adopción del sistema proporcional que propició el Sr. Berlusconi en 2005.

Si además de tener circunscripciones uninominales eligiéramos en directo al jefe del poder ejecutivo y se legislara la independencia del poder judicial, estaríamos en el camino del verdadero progreso porque todo lo demás vendría por añadidura.

El mito de las listas abiertas

listas abiertasCada vez que alguien cuestiona el sistema electoral se abre paso el mito de las listas abiertas. Hacen creer a la gente que las listas abiertas son la solución para la regeneración democrática, pero nadie apunta que las listas abiertas ya fracasaron en la 2ª República y que las listas abiertas no dejan de ser unas listas «cocinadas» por la cúpula de cada partido. Aunque los ciudadanos puedan cambiar el orden de los candidatos en las listas, los integrantes de las listas siguen representando a los partidos políticos y cada ciudadano sigue sin tener un representante concreto.

Si para lo que se pretende que sirvan las listas abiertas es para tachar a un nombre que no nos gusta, que es quizás la parte morbosa que puede hacer algo atractiva la idea, sería preferible el voto en contra a la totalidad de la lista, lo que se ajusta más a la realidad de que el ciudadano suele votar al partido que considera menos malo. Pero no nos engañemos, las listas abiertas o no abiertas, por el mero hecho de ser listas con muchos nombres, suponen elegir partidos en lugar de elegir representantes. Impiden que cada ciudadano tenga un representante concreto y pueda a través de él participar, si lo desea, a lo largo de la legislatura.

El único sistema que garantiza la representación, la participación y la estabilidad del Gobierno es el mayoritario con circunscripciones uninominales. Es el sistema que funciona en las democracias occidentales: Reino Unido, Francia, Alemania, EEUU, Canadá, Japón, Nueva Zelanda,…etc, y es el que operaba en Italia (al 75%) hasta la reforma de 2005 y a la vista están los resultados. No se entiende porque no hay un consenso para adoptar este sistema pues además beneficia a los dos grandes partidos y a los dos núcleos regionales más importantes. Hablemos de un sistema que sea eficaz y dejemos de lado el mito de las listas abiertas que predica que todo siga igual.

O buscas la solución o eres parte del problema

problemaO buscas la solución o eres parte del problema es una reflexión que cualquier persona que tenga responsabilidades debe siempre platearse. Es oportuno, especialmente en estos tiempos, para los responsables de las instituciones del Estado, partidos políticos, clase política, medios de comunicación, sindicatos, patronales, empresas y ciudadanos. Porque todas las noticias, comentarios y debates se ocupan casi exclusivamente en incidir sobre los detalles de los problemas, y en las continuas acusaciones de unos a otros, pero nadie plantea seriamente las soluciones que hay que aplicar. Y sin embargo los problemas básicos están suficientemente identificados para proceder a buscar soluciones.

Si los ciudadanos no tienen representante político ni cauces de participación, porque la soberanía reside en los partidos políticos,  habrá que devolver la soberanía a los ciudadanos. La sociedad debería estar debatiendo sobre un nuevo sistema electoral y no lo hace, y lo poco que se comenta se centra en el tópico de las listas abiertas. Casi nadie plantea adoptar el sistema de circunscripciones uninominales que es el que hay en las democracias occidentales relevantes. Si el poder judicial está controlado por los partidos y hay dos instancias supremas, habrá que discutir soluciones para su independencia y unidad. Si las leyes son tan permisivas que los delincuentes salen a la calle al día siguiente o los políticos y empresarios corruptos no van a la cárcel ni devuelven el dinero, habrá que discutir como endurecer las leyes. Si el Estado gasta más de lo que ingresa habrá que debatir la simplificación de sus estructuras. Si el Senado no sirve para nada habrá que plantearse suprimirlo. Y ….etc, etc, etc.

En lugar de discutir sobre las soluciones a aplicar, los políticos están peleándose unos con otros. Los unos para seguir gobernando sin abordar los cambios esenciales que habría que hacer,  los otros para la quimera de derribar un gobierno que tiene mayoría absoluta. Si discutieran sobre las soluciones con seriedad, sin demagogia, dejando aparte las rencillas y los intereses bastardos, probablemente tendrían unos y otros bastantes puntos de encuentro. Los medios de comunicación tendrían que ser más constructivos y dejar de dedicarse solo a «echar leña al fuego». O buscas la solución o eres parte del problema.

Sistema electoral con circunscripciones unipersonales

tanto montaEn un sistema electoral con circunscripciones unipersonales el mapa electoral está segmentado en tantas circunscripciones como diputados a elegir. En cada circunscripción, cada partido político presenta su candidato y el elector vota a uno de ellos, bien sea porque es la persona en quien más confía o porque confía en el partido que le presenta. El candidato que resulta elegido diputado es el representante político de todos los electores de la circunscripción. Este sistema electoral tiene las siguientes ventajas:

REPRESENTACIÓN. Cada elector tiene un representante político y conoce su nombre y apellidos, su dirección postal, su número de teléfono, su e-mail, su whats app, ….etc, y puede dirigirse a él cada vez que lo desee.

PARTICIPACIÓN. Cada ciudadano puede participar día a día en el desarrollo legislativo a través de su representante con sus opiniones y propuestas y el diputado tendrá que defender las posiciones que estime que son mayoritarias en su circunscripción.

MAYORÍA. Este sistema suele producir amplias mayorías, con lo que hay una estabilidad en la legislatura y no se precisan acuerdos onerosos con pequeños partidos que obtienen beneficios derivados de un poder que no han conseguido en las urnas.

REGIONALISMO. Los sensibilidades regionales pueden aflorar en las urnas tanto como los ciudadanos deseen, dado que las circunscripciones siguen un orden geográfico.

MINORÍAS. Los intereses minoritarios de los ciudadanos están mejor representados a través de la participación día a día con cada representante político que delegando en un partido político cada cuatro años.

Este sistema electoral reduce considerablemente el poder absoluto actual de los partidos políticos y da más poder a los ciudadanos. No es una casualidad que sea el sistema que utilizan en las democracias auténticas como las de Reino Unido, Francia, Alemania, EEUU, Canadá, Nueva Zelanda ….etc. Este sistema es la piedra angular sobre la que debe edificarse la regeneración democrática.