Neutralizar la tensión emocional

tension emocionalConviene neutralizar la tensión emocional antes de que somatize  en el cuerpo físico y produzca daños irreparables. La tensión física y la tensión mental deterioran el organismo y queman energía, pero son inevitables e incluso necesarias en muchas situaciones.

La tensión física es relativamente fácil de neutralizar porque el cansancio obliga a descansar y relajar los músculos. Algunos ejercicios físicos pueden ser peligrosos, como jugar tenis o fútbol a partir de cierta edad, sobre todo si no se tiene el hábito de hacerlo, pero hay alarmas que avisan de los excesos. El problema suele ser más bien no hacer ejercicio físico suficiente, porque es relativamente fácil caer en la rutina del sedentarismo, la relajación y el abandono. El organismo es una “máquina” que tiene que estar siempre lista para funcionar a plena capacidad, para lo hay que hacer ejercicio físico de mantenimiento.

También se ejercita la capacidad mental para tenerla siempre a punto y tener pleno entendimiento de las situaciones y los actos. Sin embargo, la tensión mental excesiva es más difícil de neutralizar que la tensión física porque no avisa. Tiene además peores consecuencias, porque hace daño poco a poco, produciendo deterioros orgánicos y enfermedades de las que no se advierte que la causa principal es el estrés.

Los problemas mentales somatizan además en problemas orgánicos, como si el cuerpo fuera un pararrayos en el que descarga la tensión emocional. Al contrario que el ejercicio físico, que tendemos a no hacerlo en la medida necesaria, la tendencia del ejercicio mental es de acumular tensión en la conciencia y vivir con estrés. El agobio de las cosas de las que hay que ocuparse y las relaciones sociales y sentimentales cargan la tensión emocional.

La tensión emocional es como un residuo corporal que hay que ir eliminando a diario para que no se acumule. La mejor forma de hacerlo es tener el hábito diario de la relajación mental, algo que cada uno puede descubrir por su cuenta, aunque también hay técnicas especificas que enseñan a hacerlo. De una u otra forma, lo importante es descargar la tensión emocional al ambiente antes de que la absorba el cuerpo y produzca daños irreparables.

No hay representación ni participación

representacionCon el sistema electoral vigente no hay representación ni participación. El ciudadano no conoce a su representante político porque no lo tiene. Los diputados sólo representan a quien les puso en la lista y votan en el Congreso lo que les dice el partido. Ningún ciudadano puede hacer propuestas porque no tiene a quien dirigirse y si no hay representación no puede haber participación.

Los partidos hacen sus programas a espaldas de los ciudadanos como un “todo o nada” del que no se pueden separar las partes de su contenido gusten o no gusten. El poder se concentra en uno de los dos partidos mayoritarios y el sistema electoral está blindado porque a ninguno de los dos partidos mayoritarios les interesa cambiarlo. El sistema está atado y bien atado para que los ciudadanos no puedan participar y la soberanía resida en los partidos políticos.

El movimiento de los indignados tiene pocos partidarios y muchos detractores, pero poca gente se extraña de que el descontento se manifieste en la calle. La crisis, el paro, la corrupción, el gasto superfluo, las dificultades de financiación, …etc., han ido deteriorando la situación sin que los ciudadanos puedan hacer otra cosa que votar cada cuatro años a un partido político.

Curiosamente esta situación de ausencia de representación y participación nadie la denuncia. Unos preconizan la proporcionalidad de escaños y votos que no soluciona nada porque la hegemonía de los dos grandes partidos seguiría siendo la misma. Otros las listas abiertas, que ya las tenemos en el Senado sin que resuelvan nada.  Además ya fracasaron en la segunda república.

La forma de que haya representación y participación ciudadana es con el sistema mayoritario de circunscripción uninominal que no en vano está vigente en los países democráticos desarrollados. Con este sistema cada ciudadano tiene su representante y a través de él puede participar tanto como desee y por supuesto también puede si quiere desentenderse de la política y limitarse a votar. Además, el sistema mayoritario produce mayorías sólidas que no tiene que estar siempre comprando votos, pero están también controladas mas de cerca por los ciudadanos.

Vemos muy poco de lo que existe

lo que existeNuestra percepción de la realidad está muy limitada por los sentidos corporales y por la pobreza que todavía tienen los instrumentos con los que tratamos de llegar un poco más allá. Vemos muy poco de lo que existe.

De nuestros sentidos corporales, sólo la vista nos permite percibir cosas lejanas a nuestro entorno, pero lo que nuestros ojos detectan es una pequeña parte de la radiación electromagnética que es la comprendida entre 400 y 750 nanómetros (1 nanómetro = 0,000000001 metros). Aún así podemos llegar a distinguir directamente la espiral de Andrómeda, que es una galaxia “cercana”, pero lo que vemos es algo que existió hace 2.250.000 años. De lo que hay en el centro de nuestra propia galaxia, la Vía Láctea, solo nos llega radiación que fue emitida hace 27.700 años.

Hoy nuestros ojos ya sirven de poco para percibir lo que ocurre en el universo, pero disponemos de instrumentos que detectan y nos informan de la radiación electromagnética aunque sea infrarroja o ultravioleta. Sin embargo los instrumentos tampoco llegan “muy lejos” porque de la realidad existente de la que hay noticia directa o indirecta solo pueden detectar aproximadamente un 4%, ya que el 23% es materia oscura y el 73% energía oscura, es decir materia y energía que no se detecta por radiación porque solo interactúa con la gravedad, produciendo efectos gravitacionales que son los que dan indicación de su existencia.

La materia oscura incluye los agujeros negros, que son concentraciones de masa de las que la velocidad de escape es superior a la de la luz, incluye también materia intergaláctica no luminosa, WIMP´s (weakly interacting massive particles), que son partículas elementales que interactúan muy débilmente de las que solo el neutrino ha sido identificado, axiones, de existencia no demostrada,….etc. La energía oscura es mucho más enigmática y se supone que está más o menos uniformemente repartida, como una especie de “éter” aristotélico responsable del incremento de la aceleración del Universo.

La parte del mundo infinitesimal de las partículas y fuerzas elementales está bastante más estudiado y al menos la física cuántica, con todas sus lagunas, proporciona un conocimiento que ha demostrado ser cierto y ha servido de base para el desarrollo de la tecnología electrónica. No obstante hay todavía en lo infinitesimal un mundo desconocido, por el momento indetectable, que está alimentado de hipótesis como los universos paralelos o por el Bosson de Higgs, u otras, que abren el camino de la coexistencia en espacio y tiempo con otras realidades que ni percibimos ni imaginamos.

Siendo tan limitada nuestra percepción de la realidad hay que preguntarse si los sucesos extraños en los que alguien ve o detecta realidades extraordinarias como “apariciones”, “ovnis”,….etc., o tiene una visión de sucesos futuros, u otras manifestaciones que la ciencia descarta, no pudieran ser una especie de “contactos” con parte de la existencia que nos es totalmente desconocida y es por el momento indetectable.

Listas electorales al margen de la sociedad civil

listas electoralesEstos días los partidos políticos, al margen de la sociedad civil, están componiendo las listas de candidatos para las elecciones del 20-N y lo hacen calculando con las encuestas el número de diputados que pueden conseguir de cada lista. De los nombres que ponen en la lista, unos saldrán elegidos con casi total seguridad, otros serán dudosos y los demás van de relleno sin ninguna oportunidad.

Todo esto se «cuece» al margen de la sociedad civil, es decir al margen de los ciudadanos a los que se supone han de representar. Cuando un elector vota una lista elige un grupo de candidatos ya «precocinado» que no le van a representar porque representan únicamente a su partido. La elección de diputados la hacen en realidad los dirigentes de los partidos políticos y a los ciudadanos solo les corresponde decidir por donde se corta la lista de cada partido.

El sistema que tienen las democracias occidentales de mayor éxito es basa en circunscripciones donde se elige a un solo diputado. En ellas el candidato lo propone cada partido sabiendo que la votación va a ser un plebiscito sobre el candidato y que si sale elegido va a representar a sus electores y a canalizar sus propuestas y opiniones. Si se adoptara este sistema pondríamos la primera piedra para transformar el régimen autocrático actual en una democracia occidental.

Es increíble que nadie defienda esta reforma que debería ser la prioridad política de la sociedad civil. Solo se alzan algunas voces pidiendo listas abiertas, que no cambian la situación, o reparto proporcional de escaños, que todavía la deterioran más. Quizás tengamos el sistema electoral que nos merecemos.

Democracia española, autocracia latente

Los políticos suelen referirse a menudo a “la democracia que nos hemos dado” y debe de tratarse de un “nos” mayestático, ya que los ciudadanos no hemos tenido participación alguna en la elaboración del texto constitucional sometido a plebiscito en 1978. Los dirigentes de los partidos políticos que establecieron las reglas del juego, pensaron sobre todo en dejar bien organizado y blindado el corporativismo y supremacía de la clase política. Todo atado y bien atado.

Hoy en día los ciudadanos españoles tenemos libertades individuales, derechos humanos, y otras garantías sociales de contorno propias de los estados occidentales del siglo XXI. Sin embargo estamos totalmente apartados del núcleo duro de la política y de los poderes del Estado, coto reservado a los partidos políticos dominantes, ya que los ciudadanos no estamos representados ni por tanto podemos participar y no hay otra soberanía que la de los partidos políticos.

Pero lo peor es que las leyes fundamentales hacen posible que los poderes básicos del Estado se concentren en la cúpula del partido gobernante y ésta dirija al país de forma autocrática sin contrapeso alguno. El partido que gobierna tiene mayoría en el Congreso donde hay disciplina de voto y donde en caso necesario se asegura votaciones con las concesiones que hagan falta a grupos parlamentarios minoritarios, aunque sean corrosivas para los intereses nacionales.

El Tribunal Constitucional, poder judicial que en la práctica está por encima del Tribunal Supremo, está compuesto por cuatro miembros que nombra el Congreso, cuatro que nombra el Senado, dos que nombra el Consejo General del Poder Judicial y dos que nombra el Gobierno. Es decir, está controlado de forma latente por el Gobierno, como en la práctica se deduce de las sentencias más decisivas.

Pero hay también otros organismos que regulan importantes decisiones de país y que se suponen independientes que sin embargo están también controlados de forma latente por el Gobierno. Un ejemplo es la Comisión Nacional de la Energía, formado por un presidente y seis miembros nombrados por real decreto a propuesta del ministro de economía tras debate parlamentario, es decir con el control de la cúpula del Gobierno. Los nueve miembros de la Comisión del Mercado de las Telecomunicaciones se nombran también de esta forma, a propuesta conjunta de los ministerios de Industria y Economía. El Consejo Estatal de Medios Audiovisuales le ocurre lo mismo aunque en este caso se requiera de una mayoría parlamentaria de tres quintos. Y podríamos seguir.

Este poder autocrático latente está sólo amenazado por el tiempo, cada cuatro años, pero esa caducidad sólo sirve para que eventualmente gobierne otro partido con el mismo funcionamiento. Nada de lo que ocurra, por muy desastroso que sea, puede desafiar al poder, sin que los ciudadanos podamos defender los intereses que mayoritariamente consideremos oportunos, como por ejemplo un cambio de gobierno.

Futuro de la vida humana

La ciencia no ayuda demasiado en aclarar si la vida inteligente surge por casualidad o si es un eslabón necesario en la evolución del Universo. Es difícil de imaginar que el desarrollo de la inteligencia humana en la Tierra solo sea un hecho accidental fruto de caprichosas mutaciones y que un buen día comience a desaparecer sin dejar rastro ante la indiferencia del resto del Universo. No sabemos si nuestra misión, si es que existe, es relevante para el Universo. Llevamos poco tiempo sobre la Tierra y apenas hemos progresado hasta que empezó la revolución tecnológica hace cuatro o cinco generaciones. La electricidad, la energía atómica, el teléfono, la televisión, los computadores, internet, los nano robots,….etc., suponen grandes avances pero no cambian nuestra débil y vulnerable estructura biológica.

El simple choque de un asteroide con la Tierra sería el fin de nuestra existencia. Hace poco se detectó el choque entre dos asteroides equivalente a la explosión de una bomba atómica y ya hay quien calcula que en el año 2034 puede chocar uno de ellos con la Tierra. Pero aun suponiendo que una catástrofe como ésta nunca suceda, la simple evolución del Sistema Solar hará nuestro planeta inhabitable para el género humano. Poco importa que sea dentro de cientos, de miles, o de millones de años.

Para entonces, ¿cual habrá sido nuestra aportación al Universo? Para el planeta Tierra, lo único previsible es que lo estropeemos cada vez más y contribuyamos a hacerlo inhabitable. En la Vía Láctea, nuestra galaxia, parece que no llegaremos a acercarnos a ningún sitio habitable. Viajar a esas distancias lleva mucho tiempo y no se vislumbra para que serviría. El género humano también podría surgir en otros confines del Universo sin necesidad de viajes que parecen imposibles. Tampoco parece que viajar por el Universo sea una forma de supervivencia.

En unas décadas, los computadores o lo que de ellos crezca serán suficientemente inteligentes para tomar el relevo y la raza humana comenzará a transformarse o a desaparecer. El silicio, que es el elemento más abundante en la Tierra después del oxígeno, en torno al 28% de la corteza terrestre, es un elemento base de los microchips sobre el que se desarrollan los computadores. Ya se han reportado experimentos de inserción de microchips en células vivas que actúan de sensores, como si estuviera surgiendo una nueva biología del silicio. Otro material recientemente descubierto, el grafeno, superdenso, del grosor de un átomo, de alta resistencia, buen conductor de la electricidad y el calor, ya ha sido utilizado para construir microchips diez veces más rápidos.

Quien sabe cual será el final. Es todavía más interesante la evolución del espíritu y la conciencia colectiva, que es una dimensión humana muy poco explorada, todavía embrionaria, que por el momento es terreno de las creencias.

Recién llegados al Universo

La inmensidad del Universo nos invita a pensar que estamos recién llegados al Universo y no estamos solos y tiene que haber otros planetas habitados por seres inteligentes aunque todavía no tengamos indicios que lo confirmen. No sabemos si el Universo está programado para que aparezcan seres inteligentes en los planetas cuando su estado de evolución cumpla las condiciones necesarias para ello, pero nada nos indica que la aparición de seres humanos en la Tierra sea una excepción.

Tampoco sabemos si los seres inteligentes son un mero decorado del orden universal o si cumplen alguna misión más o menos trascendente en la evolución del Universo. En cualquier caso, la aparición de los seres humanos inteligentes en el planeta Tierra es muy reciente y hasta ahora todo ha funcionado sin su concurso. Sabemos que la Tierra evolucionará y dejará en algún momento de tener las condiciones necesarias para albergar seres vivos y entonces probablemente todo continuará igual que antes de haber existido los seres humanos.

De momento acabamos de llegar y nuestra influencia es apenas inexistente. Hay consenso entre los científicos de que el Universo tiene unos 13.700 millones de años de vida y dentro de él nuestro sistema solar es bastante más joven con una edad aproximada de 4600 millones de años. Poco después surgió nuestro planeta Tierra y hubo de transcurrir casi todo ese tiempo hasta que se establecieron en África nuestros antepasados los homínidos hace unos 6  millones de años.

El homo sapiens data de tan solo hace 160.000 años y hubieron de transcurrir 100.000 años hasta que nos dejaran rastro de su arte prehistórico y de sus utensilios de caza y pesca. Hasta el periodo Neolítico no aprendieron los seres humanos a cultivar la tierra y desarrollar la agricultura y hace tan solo unos 5000 años de que tenemos vestigio de la escritura. Los seres humanos empezaron a escribir algo hace tan solo 160 generaciones y desde el comienzo de la era cristiana, que nos parece lejano en la profundidad de la historia, han transcurrido tan solo 64 generaciones.

Los nuevos hitos importantes del desarrollo de la humanidad: electricidad, energía atómica, electrónica, cibernética, genética…etc., que nos pueden hacer pensar que nuestra existencia tiene alguna finalidad en el orden universal, han ocurrido en los últimos 150 años, tan solo hace cinco generaciones, más o menos desde que nacieron nuestros tatarabuelos.

En fin, que acabamos de llegar y no sabemos cuál será nuestro papel a partir de ahora. Nos esperan grandes cambios porque desde hace un siglo la ciencia y la tecnología tiene desarrollos exponenciales, pero seguimos en la duda de si somos un simple decorado local del planeta Tierra o si en algún momento entraremos en contacto con  otros mundos y seremos parte de otras dimensiones. Hasta ahora solo podemos hacer al respecto prospecciones mentales y espirituales.

Subvenciones escandalosas

El PSOE y el PP recibieron 70 millones € de subvención en 2010, pero esta cantidad se incrementará este año un 33% hasta 131 millones € debido a los 26,5 millones € asignados a los gastos de propaganda electoral de las pasadas elecciones de mayo, y otro porcentaje similar por las elecciones del próximo noviembre.

El contribuyente paga 276,86 € por cada concejal electo, 0,55 € por cada voto municipal, 0,83 € por cada voto en las elecciones generales, 21,633,33 por cada escaño y 0,22 € por cada elector para las elecciones municipales y 0,22 € por elector para las generales. A cambio de estas elevadas cifras de gasto electoral el contribuyente recibirá muy poco. No está pagando una representación política, pues nada puede opinar ni hacer llegar a su inexistente representante político en los próximos cuatro años. Un alto precio para una adhesión incondicional.

Dado que no se eligen personas sino partidos políticos, la propaganda electoral es la venta de la marca, sea PSOE, PP u otras, y poco o nada importa el programa electoral porque es un paquete que hay que aceptar en su conjunto y desentenderse de él los próximos cuatro años en los que los partidos lo aplicarán o lo ignorarán según les convenga en cada momento sin que los ciudadanos puedan influir.

Para vender la marca, el precio a pagar por una campaña de dos semanas es demasiado. Los mítines son reuniones internas de partidarios y no sirven para nada útil. Los viajes, carteles, buzoneos y mailings generan gastos que son innecesarios y poco hacen para mejorar el perfil de las marcas. Bastarían los debates electorales que las televisiones pueden ofrecer sin gasto adicional para el contribuyente. La convocatoria electoral no es la fiesta de la democracia como dicen muchos políticos cursis. Sería en todo caso la fiesta de la partitocracia y para eso lo razonable es que la paguen ellos, es decir sus afiliados.

Si tuviéramos una democracia representativa y cada grupo de ciudadanos eligiera a la persona que quieren que les represente, no haría falta gastar dinero público en vender la marca. La promoción sería una cuestión local de cada circunscripción electoral y no habría que hacerla una vez cada cuatro años sino que sería un proceso continuo derivado de la relación de los electores de cada circunscripción con su representante y con los aspirantes a serlo en el futuro.

La velocidad de la luz es solo una barrera

Hasta hace poco más de cien años el tiempo era un concepto absoluto y la distancia era independiente del tiempo. Pero desde que Einstein publicó su famoso artículo en 1905 y surgió la teoría de la relatividad dejó de existir para la ciencia el tiempo absoluto. Las leyes de la ciencia, y la velocidad de la luz, han de ser las mismas para todos los observadores con independencia de cuál sea su posición y velocidad, y cada observador tiene su propia medida del tiempo que es la que marca el reloj que con él se desplaza.

La definición del metro como unidad de longitud fue por mucho tiempo “la diezmillonésima parte del cuadrante del meridiano terrestre” pero ha ido cambiando. En 1927 pasó a ser “la distancia entre dos marcas de una barra de platino iridiado que se conserva en París” y posteriormente en 1960 el metro pasó a ser algo tan sofisticado como “la longitud correspondiente a 1.650.763,73 oscilaciones en el vacio de la radiación emitida por el salto cuántico de un electrón entre 2p10 y 5d5 del átomo de Kriptón-86″.

Por entonces, concretamente hasta 1967, la unidad de tiempo, es decir el segundo, tenía su propia definición independiente de la distancia: ”la ochenta y seis mil cuatrocientosava parte de la duración que tuvo el día solar medio entre los años 1750 y 1890″. Desde entonces, esta definición cambió radicalmente a “la duración de 9 192 631 770 oscilaciones de la radiación emitida en la transición entre los dos niveles hiperfinos del estado fundamental del isótopo del átomo de Cesio (133Cs), a una temperatura de 0 grados Kelvin”. Todavía el tiempo y la distancia tenían definiciones independientes.

Desde 1983 la distancia se subordina al tiempo y el metro pasa a ser “la distancia recorrida por la luz en el vacío en 1/299.792.458 segundos“. A estas definiciones se incorpora por lo tanto la constante de la velocidad de la luz que constituye para la ciencia actual un límite superior que no puede sobrepasarse.

En realidad, la teoría de la relatividad no dice que esta velocidad sea insuperable sino que para que un objeto con masa pudiera superarla requeriría una energía infinita. Es más bien una barrera que impide que cualquier partícula pueda aumentar su velocidad y llegue a pasar a través de ella. En teoría, podrían existir partículas que siempre se hayan movido a velocidades superiores a la de la luz y no hayan tenido por tanto que superar esta barrera, aunque dichas partículas virtuales, denominadas “taquiones” nunca hasta ahora han sido detectadas y la mayoría de los investigadores no creen en su existencia.

La barrera de la velocidad de la luz tampoco puede sobrepasarse sin violar el principio de causalidad, aunque este principio se sustenta simplemente en el hecho de que nunca se hayan detectado efectos anteriores a sus causas. Ciertamente la relación causa-efecto es para los seres humanos un postulado consustancial con la capacidad de entendimiento. En años recientes se han reportado experimentos en los que parece haberse superado la barrera de la luz pero los resultados han podido explicarse por la teoría clásica de la propagación de ondas. Hace poco se han detectado neutrinos que parecen haber superado esa barrera, lo que está por confirmar.

La velocidad de la luz es hoy por hoy una constante y constituye un límite que no puede sobrepasarse, aunque para el pensamiento resulte una caprichosa particularidad de la naturaleza. Cabe preguntarse si todo este cambio de definiciones del tiempo y de la distancia ha terminado o la cuestión seguirá evolucionando tan radicalmente como lo ha hecho en los últimos cien años. Todavía queda mucho futuro para poner a prueba la barrera de la velocidad de la luz.

Ajuste económico y político al margen de las ideologías

Hay líderes políticos y sindicales que califican las medidas de ajuste económico como política de derechas, mezclando intencionadamente las cuestiones económicas con las ideológicas. Defienden el gasto excesivo, como si los déficits se disolvieran con el tiempo como si fueran simples recuerdos y cuestionan la buena administración porque dicen que es de derechas.

Ignoran, o niegan, que un déficit alto es malo para cualquier posición ideológica porque implica mayor endeudamiento, desconfianza, encarecimiento del dinero, paro,…etc., que acaba por lastar el crecimiento, incrementar la presión fiscal y deteriorar la calidad de vida, presiones que afectan principalmente a los más desfavorecidos, que son a los que parece que dirigen sus palabras.

El Gobierno va haciendo ajustes con cuentagotas porque no quiere defraudar más de la cuenta a todas esas personas e instituciones que ha estado alimentando de declaraciones y medidas demagógicas en los años recientes. Los sindicatos, que siguen estando subvencionados desde la dictadura, tienen un ejército de liberados preparados para salir a la calle cuando se lo ordenen, lo que hace difícil que el Gobierno se atreva a hacer la reforma laboral que necesita la economía y desde luego los parados.

También resulta difícil contener el gasto innecesario que se propaga a lo ancho de las autonomías y del aparato del estado y de las empresas públicas, que han crecido en las tres pasadas décadas hasta el punto de multiplicar por cuatro o cinco el número de funcionarios. Para estos ajustes lo mejor sería que los dos principales partidos se pusieran de acuerdo y actuaran conjuntamente. Son programas de ajuste que en la vida de cualquier empresa tienen lugar cada cierto tiempo.

El problema para que se pongan de acuerdo es que no han parado de insultarse durante siete años. El reciente entendimiento para incluir el equilibrio presupuestario como precepto constitucional abre una puerta a la esperanza de que se entiendan. El país lo necesita para racionalizar la administración del conjunto del Estado y poner freno a los intereses bastardos disfrazados de reivindicaciones nacionalistas.

Un pacto de reforma de la ley electoral dividiendo el país en tantas circunscripciones como diputados, es decir eligiendo un diputado en cada una de ellas, abriría un nuevo periodo de gobiernos con amplias mayorías sin tener que comprar votos a partidos minoritarios oportunistas y sin que por ellos las minorías ciudadanas dejaran de estar amparadas. Sería además una nueva era de participación ciudadana en las tareas políticas, hoy tan imposible como lo era en la dictadura.