Fundaciones innecesarias con dinero público

Fundaciones innecesariasEstos días uno de los dos grandes partidos políticos ha destituido al director de una de sus fundaciones, financiada con dinero público, por embolsarse miles de euros por columnas periodísticas que él mismo proporcionaba a la fundación bajo seudónimo. Toda la prensa destaca esta pillería, pero nadie comenta la mayor de para que narices los ciudadanos tenemos que pagar con dinero público la existencia y funcionamiento de dicha fundación.

Echando un vistazo en la web a las fundaciones de los partidos políticos uno saca la conclusión, que muy posiblemente sea acertada, de que no sirven para otra cosa que para hacer propaganda y colocar a  allegados, familiares y amiguetes de los dirigentes. Además, las fundaciones crecen hacia abajo y al menos una de ellas aglutina a tres institutos que dependen también de las subvenciones de los presupuestos del Estado.

El jefe del sujeto destituido por la pillería antes comentada, se apresuró a indicar que era todo legal, lo que cabe interpretar que si las columnas periodísticas las hubiera facturado un amigo suyo, en lugar de él mismo bajo seudónimo, todo estaría bien hecho y el sujeto hubiera seguido en su puesto. No se le pasó por la cabeza que las fundaciones de los partidos como el suyo no aportan nada relevante al bien común y lo que hacen no justifica dedicar dinero público a su financiación.

La cuestión ética no hay que empezar por aplicarla a pillerías ocasionales, sino a la cuestión mayor de malgasto del dinero público en fundaciones innecesarias de las que se benefician personas del entorno de los dirigentes de los partidos políticos.

Bases democráticas en la Unión Europea

bases democraticasNo se entiende que en Europa los Estados Miembros hagan grandes esfuerzos en legislar la unidad monetaria, la unidad fiscal, la unidad bancaria…etc., y no se preocupen en absoluto de exigir que en el territorio de la Unión Europea existan las bases democráticas fundamentales sin las cuales no debería permitirse la integración ni la permanencia en el proyecto europeo.

Si un país no puede garantizar la separación de poderes no puede calificarse de democrático y esta carencia constituye una amenaza autocrática que no es compatible con el espíritu de unidad europea. Tampoco es compatible con el espíritu europeo que en un país no haya representación política de los ciudadanos ni cauces de participación en la actividad parlamentaria. Un país que obliga a que la soberanía popular esté delegada en los partidos políticos no cumple con las bases democráticas fundamentales que deberían ser exigibles a los países de la Unión.

Si la Unión Europea dedicara más atención a exigir estas bases democráticas fundamentales, en nuestro caso podríamos vernos obligados a legislar la separación de poderes y a adoptar un sistema electoral con circunscripciones uninominales, de forma que cada ciudadano supiera quién es su representante político y pudiera dirigirse a él siempre que lo desee. Si no lo exige la Unión Europea es casi imposible que lleguemos a tener las bases democráticas más elementales ya que no convienen a la clase dirigente porque sin ellas nos pueden seguir teniendo atrapados a los ciudadanos en un sistema autocrático disfrazado de democracia.

Las subvenciones incondicionales generan corrupción

subvencionesLas subvenciones a partidos políticos, a sindicatos y a patronales, son subvenciones incondicionales que una vez recibidas las aplican a gastos a criterio de quienes las reciben sin ningún control posterior de cuál ha sido su uso o su rendimiento. Cuando se concede una subvención a una asociación con objetivos concretos determinados, siempre queda el recurso de analizar la obra realizada para ver en qué medida la subvención ha sido eficiente para el interés común. Pero un partido político solo tiene como objetivo obtener una cuota de poder político a través de las elecciones.

El dinero recibido lo emplea el partido político a su conveniencia, sin tener que responder de su uso ni tener que demostrar que producen un rendimiento para el interés común. Nadie ajeno a la administración de ese dinero controla como se utiliza y hay por tanto una amplia libertad en su manejo, lo que deja una puerta abierta a la corrupción. Además, la cuantía de las subvenciones no tiene techo, ya que los partidos políticos se endeudan y después en la práctica la mayoría no devuelven los préstamos.

Algún político ha propuesto estos días que cada partido político tenga un servicio de «asuntos internos» para controlar el buen uso del dinero público que reciben, pero el mejor control sería que los partidos políticos vivieran de las cuotas de sus afiliados, quienes ya se encargarían por la cuenta que les trae de controlar la administración de sus aportaciones.

Manifiesto del Foro de la Sociedad Civil

foro de la sociedad civilEl Manifiesto que acaba de publicar el Foro de la Sociedad Civil se centra en proponer las reformas más básicas  y urgentes de la Constitución y de la Ley Electoral, que en síntesis incluye:

  • La «sustitución del actual Estado Autonómico por un Estado Unitario, con un solo Gobierno, un único Parlamento Nacional y un Tribunal Supremo».
  • «La supresión del Senado».
  • Nuevo sistema electoral con «50 Diputados elegidos en listas de partido a escala nacional» y «300 Diputados elegidos en circunscripciones uninominales a través de un sistema mayoritario a doble vuelta».
  • «Eliminar las subvenciones a los partidos políticos, sindicatos y organizaciones empresariales».

El Foro de la Sociedad Civil se concentra en lo que es realmente básico para abordar una nueva era de prosperidad y no cabe añadir mucho más al texto porque es casi perfecto y merece apoyo tal como es porque es la aportación más acertada de todas las expresadas en los últimos años. No obstante, en la hipótesis de que todavía fuera un texto abierto, cabría proponer las siguientes modificaciones:

  • Dejar clara la independencia del poder judicial
  • Elegir la totalidad de los diputados en circunscripciones uninominales.

Los 50 diputados elegidos en listas de partidos a escala nacional se supone sirven para defender los intereses minoritarios, pero los verdaderos intereses minoritarios que hay que defender son los de los ciudadanos, los cuales están mejor defendidos día a día con el diputado de cada circunscripción. Si toda la cámara fuera elegida en circunscripciones uninominales, podría incluso elevarse el número de diputados a 400 o 500 para que haya un representante político cada 60 o 70 mil ciudadanos.

Los calvos no son buenos candidatos electorales

Los calvos no son buenos candidatos electoralesLa historia de los países democráticos deja traslucir que los calvos no son buenos candidatos electorales. No se conoce exactamente porqué, pero los calvos parece que inspiran desconfianza entre los electores cuando tienen que elegir a un líder político. Un calvo en la cabecera de una lista electoral puede penalizar los resultados en torno a un diez por ciento, lo suficiente para estar en la oposición.

Supongo que el líder del partido socialista tendrá referencia de esta particularidad y habrá que ver si va repoblando su cabellera de alguna forma o por el contrario desiste de ser cabecera de lista, o si no hace ninguna de las dos cosas si es que no le disgusta estar en la oposición.

Entretanto no pasa desapercibido el implante capilar del eterno candidato a líder del mismo partido, es decir del Sr. Bono, quien parece que no echa en saco roto que los calvos no son buenos candidatos electorales y ha puesto remedio al problema por si acaso.

Transparencia del gasto

transparencia del gastoAntes de generalizarse el uso de la informática veíamos la escena del Ministro de Hacienda de turno llegando al Congreso con un cargamento de documentos para someter los presupuestos a aprobación. Ahora el ministro enseña simplemente un «pen-drive» en el se supone incluye toda la información. Si en efecto la contabilidad del Estado está totalmente computarizada, podría subirse a la nube y ponerla a disposición de los ciudadanos para que haya transparencia en el gasto público. Con ello los ciudadanos que así lo deseen estarían en condiciones de analizar los presupuestos y de conocer como se gastan el dinero los administradores del erario público.

Si se financian subvenciones como por ejemplo la de hacer excavaciones en Argentina para buscar huesos de dinosaurios, a la que se refirió el otro día un ministro, los ciudadanos podríamos por lo menos mostrar nuestra desaprobación. También podríamos reaccionar sobre el dinero que pagamos a los políticos y lo que nos cuestan organismos inútiles como el Senado, el Consejo de Estado, e incluso el Tribunal Constitucional, que ya tenemos un Tribunal Supremo. No tendríamos que conformarnos con las noticias del Tribunal de Cuentas con tres años de retraso. Tampoco tendríamos que ver con asombro una noticia de hoy de que los diputados se niegan a publicar cuanto les pagamos los ciudadanos.

Claro que aunque hubiera transparencia del gasto público y tuviéramos la información pertinente, no tenemos donde expresar nuestra opinión porque no hay representación política ni hay cauces de participación ciudadana diferentes de votar a un partido cada cuatro años o lanzarse a hacer algaradas en la calle. Además de transparencia del gasto público sería necesario adoptar un sistema electoral basado en circunscripciones uninominales como el que está vigente en las principales democracias occidentales.

Referendum sobre subvenciones

referendum sobre subvencionesLa Presidenta del partido Popular de Madrid propuso ayer un referéndum sobre subvenciones a los sindicatos, pero puestos a convocar un referéndum habría que incluir en la pregunta las subvenciones a los partidos políticos y a las patronales. Como reciben cuantiosas subvenciones no necesitan concentrarse en defender los derechos de los trabajadores ni que estos se afilien. Administran sobre todo su propio «negocio» y se dedican a las «batallas» ideológicas a favor o en contra del Gobierno, según quien gobierne. A los trabajadores y sobre todo a los parados, que los zurzan. Lo mismo sucede con las patronales, que deberían vivir exclusivamente de sus representados y no del dinero de los ciudadanos,  dinero que pasa desapercibido en su caso porque no generan algarabías en la calle.

También debería preguntarse a los ciudadanos si están de acuerdo en subvencionar a los partidos políticos, que reciben  grandes cantidades de dinero público, y además gastan todavía más endeudándose con los bancos y gestionando la condonación de las deudas, a saber a cambio de que favores. La ley electoral les garantiza que son ellos quienes administran a su criterio la soberanía popular y con dinero fácil y con los poderes del Estado en sus manos, el partido que gobierna es una maquinaria de poder que antepone sus intereses al de los ciudadanos. Unas veces manda uno y otras el otro, pero ambos están de acuerdo en mantener el sistema que les garantiza tener poder y dinero.

Si tuvieran que limitarse a vivir de las cuotas de sus afiliados, se centrarían mas en gestionar el bien común y menos en gestionar ideologías. Si además hubiera un sistema electoral como el que tienen las principales democracias occidentales, estarían mas cerca de los ciudadanos y tendrían que ajustarse a lo que ellos desean en lugar de atender en primer lugar sus intereses. Además, se desactivaría el negocio de quienes manipulan a la gente con propaganda separatista para incrementar su poder económico y poder lucrarse a sus anchas con proyectos inútiles, adjudicaciones a dedo, cobro de comisiones y sueldos millonarios para familiares y amiguetes.

 

Economía, ideología y separatismo

economia, ideologia y separatismoEconomía, ideología y separatismo son prioridades que al parecer son irreconciliables.

La derecha gobernante tiene como prioridad la economía, es decir, equilibrar los presupuestos y reducir el déficit y la deuda, para recuperar la credibilidad y volver al crecimiento, aunque sea a costa de severas restricciones en el gasto social y de que se produzcan continuas movilizaciones ciudadanas.

La izquierda en la oposición tiene como prioridad la ideología, es decir, gastar todo lo necesario para mantener los beneficios sociales y oponerse a todo lo que haga la derecha promoviendo movilizaciones ciudadanas, aunque no esté claro de dónde puede salir el dinero necesario ni como escapar de la agobiante espiral de la deuda.

Los separatistas tienen como prioridad explotar la cuestión identitaria de separase del Estado para incrementar su poder económico local en beneficio propio, aunque sea a costa de estar en continuo enfrentamiento con el Estado y empobrecer a los ciudadanos.

Los políticos se muestran incapaces de conciliar estas tres tendencias y de atender en primer lugar al bien común, y el ciudadano, que se supone es «el cliente», no puede expresar sus deseos porque no tiene representante político a quien dirigirse.

Dos mayorías imposibles

mayorias imposiblesEn Cataluña han quedado las cosas mas o menos igual con dos mayorías imposibles. Por un lado hay una mayoría de derechas que suma 78 diputados que se rompe porque 50 de ellos son separatistas. Por otro lado hay una mayoría separatista que suma 87 diputados que se rompe porque están divididos en 50 de derechas y 37 de izquierdas.

Este balance es mas o menos el que había antes de las elecciones y no cabía prever que cambiara. Solo el Presidente Más creía que se podía formar una mayoría separatista y a la vez de derechas. Cabría preguntarse si no ha sido el Sr. Pujol el que ha encandilado al Sr. Más en el separatismo urgente y radical para que se queme y pudiera ser reemplazado por su hijo, quien además de promocionar se quitaría de en medio la presión de las investigaciones sobre la concesión de las ITV´s. Él mismo eludió otras cuando ascendió a Presidente.

Si CIU pacta con ERC será para la convocatoria separatista a cambio de concesiones económicamente imposibles, ambas cosas con oposición frontal del Gobierno central. Mas bien parece posible el pacto ce CIU con el PSC, lo que requeriría disfrazar la convocatoria separatista de federalismo ambiguo, es decir la congelación a la que se refería el hijo del Sr. Pujol. A cambio CIU podría gobernar, aunque con la presión del PSC para continuar gastando mas de lo posible, pero con menor intransigencia del Gobierno central.

Sindicatos decadentes

SINDICATOS decadentesLa pasada huelga general ha escenificado la realidad de unos sindicatos decadentes que pretenden retrotraernos al siglo XIX. Los sindicatos decadentes, llamados sindicatos de clase, tienen solamente una afiliación del 16% y por lo tanto escasa representatividad y las cuotas de sus afiliados no cubren ni el 10% de sus gastos, por lo que se financian con dinero público. Con tan escasa representatividad, los sindicatos decadentes convocaron la huelga con la absurda pretensión de que el Gobierno, que tiene mayoría absoluta, convocara un referendum sobre las reformas en curso.

El espectáculo de los piquetes intimidando a los trabajadores y al comercio para que se sumaran a la huelga y los discursos decimonónicos de los líderes, orgullosos de parecernos a Grecia, denotan que la preocupación de estos sindicatos decadentes es la propia supervivencia que ven amenazada por la inevitable reducción progresiva de las subvenciones públicas. A pesar del  descontento popular con la situación económica, los ciudadanos no han considerado que la huelga aporte soluciones sino más problemas.

A la gente no se le escapa que estos sindicatos decadentes sintonizaban con el anterior gobierno y tienen por tanto su parte de responsabilidad en el deterioro económico, ni tampoco se le escapa que participaban en la gestión de las Cajas, ni que están aplicando con rigor las normas laborales que cuestionan para reducir sus plantillas. Hay el sentimiento de que los sindicatos tienen que modernizarse y centrarse en la defensa de los trabajadores en lugar de dedicarse a la acción política. Para ello nada mejor que vivir de las cuotas de sus afiliados, como en muchos países europeos.

Ayudaría mucho que se desarrollara la ley de huelgas que se recoge en la Constitución y que está pendiente de desarrollar. Aclararía mucho en que condiciones puede convocarse una huelga general, si es que se estima conveniente que pueda convocarse en alguna. Aclararía también que los convocados a una huelga son libres de sumarse a ella o de ejercer su derecho al trabajo, y también podría resolver los problemas añadidos de grupos violentos oportunistas que «pescan en río revuelto». Y desde luego ayudaría a transformar los actuales sindicatos decadentes en sindicatos modernos orientados a defender realmente los intereses de los trabajadores de participar en el valor añadido con que contribuyen al desarrollo de la economía.